Con aquel mismo eslogan de “fuego y furia” con que destruiría a
Corea del Norte, el señor -el Trump que las últimas elecciones
norteamericanas propusieron y casi todo el mundo acepta como el Señor
de Todos los Cielos-, da un respiro o una desviación al Brexit de la
May y a los múltiples sustos de Macron, sumando al Reino Unido y a
Francia en los bombardeos a Siria, a pesar de que allí se halla
Rusia apoyando al gobierno de ese país y señalando como un montaje
la acusación que se le hace y diciendo que los bombardeos tendrán
sus consecuencias.
Unos bombardeos cuando aún los Medios occidentales siguen repitiendo
“el posible” o “supuesto” ataque con armas químicas del
gobierno sirio a uno de sus poblados. Muy parecido a lo que se hizo
en Irak. Y aún peor, unos bombardeos sin esperar a que la Comisión
contra el uso de esas armas visitara el lugar donde supuestamente se
usaron y si se usaron que otra Comisión determine a sus
responsables, sin oír tampoco a la comunidad cristiana y a su
principal organización humanitaria en ese país árabe, Caritas, que
rechazan también la acusación. Nada, todo indica que destruir el
país milenario ya está decidido. Y lo más terrible, el plan parece
mayor: Corea del Norte, Rusia, China, Cuba, Venezuela y todo el que
se oponga al Señor ya están marcados.
Ha dicho el Secretario General de la ONU que “vuelve la Guerra
Fría, pero sin las formulas que existían antes para evitar
tensiones entre las grandes potencias”. Algo le salió mal a
Occidente en el derrumbe de la Unión Soviética y ahora quiere
remediarlo a costa de todos si lo aceptamos.
Es una pena que las armas químicas de que hablan Estados Unidos,
Reino Unido y Francia no sean las medicinas o los alimentos por los
que tantas y tantas personas mueren diariamente de enfermedades
curables y hambrunas y ninguna de estas tres potencias mundiales se
las den ni se atrevan a fundar cambios radicales en los crímenes
atroces contra la Humanidad al no darlas. Mala comparación, pero
espantosa verdad.